Una sociedad vigilada

1998-05 Cat: Otros autores

Hacia el fin de la privacidad.
Las tecnologías altamente sofisticadas y la eventual unificación de todas las
bases de datos existentes sobre cada ciudadano darían al Estado un poder
de control casi absoluto.
Por Ricardo Cámara para La Nacion domingo 31 de mayo de 1998

El detective del film “Pecados Capitales”, un modesto investigador de
comisaría, carece de rastros sobre un asesino múltiple. Para salir de las
tinieblas apela a un recurso que solo él parece conocer: En una pizzería de
mala muerte se encuentra con un marginal sucio y mal vestido, al que
entusiasma con un módico soborno.

Después del encuentro, Morgan Freeman, el detective jefe, susurra a su
joven ayudante:

– El tipo de la pizzería era del FBI.
– ¿El del mal olor?- pregunta Brad Pitt.

La eficacia de la escena reside en los detalles. El agente del FBI (gigantesca
maquinaria omnímoda y omnipresente) es, en verdad, un maloliente
deshilachado que vende información por 50 dólares.

Quien compra esa mercancía es el clásico policía solitario a punto de
jubilarse, escéptico y harto. Ambos son piezas de un engranaje que los
supera infinitamente, pero una cualidad los distingue: Conocen ciertos
secretos. Por eso la escena también relata un rito iniciático:

-Hace años que el FBI monitorea las bibliotecas. Para vigilar hábitos de
lectura. Algunos libros están marcados. El que lee un libro marcado pasa al
registro del FBI- explica el veterano. Está susurrando, no quiere que nadie
más lo escuche.

En la trama de “Pecados Capitales”, la vigilancia secreta de las bibliotecas
conduce al noble fin de desenmascarar a un asesino.

En la trama del poder político, el fichaje de libros conduce al fichaje del
lector, destino algo menos noble que remite a una sugerente idea del
pensador italiano Norberto Bobbio:
“El poder es secreto de por sí” -ha dicho-.

Controlar a los otros sin ser controlado siempre fué un fin antes que un
medio del poder. Bobbio parece decir:
El fin del poder es la autoperpetuación.

Producto, tal vez, de la imaginación paranoica de un guionista, a estas
alturas es seguro que la idea de llevar un registro informático secreto sobre
los hábitos de lectura de quienes asisten a las bibliotecas ha sido puesta
en práctica en varios países del mundo.

Según lo ha revelado el diario The Washington Post, ya lo hace la empresa
estadounidense Acxiom.

Omnipotencia informativa

Tema recurrente de la ciencia ficción política (desde George Orwell hasta
Philip K. Dick y William Gibson), la combinación entre conglomerados de
poder y tecnologías avanzadas está ahora mismo durmiendo con nosotros.

El 15 de marzo último, la señora Carola Pessino -que no hace películas
sino que trabaja como secretaria de Equidad Fiscal de la Jefatura de
Gabinete del gobierno argentino- formuló un interesante anuncio: “Antes
de que finalice el siglo, la Argentina contará con un registro tributario y
social que permitirá conocer hasta el último dato de importancia de los
36 millones de habitantes del país”.

El proyecto Pessino consiste “en la unificación informática de las bases
de datos existentes… para la utilización, por parte del estado, de datos
civiles y socioeconómicos”.

Toda la información existente será barrida, digerida y seleccionada por esta
nueva divinidad tecnofenicia.
“La propuesta de registro unificado se presenta como el proyecto integral en
materia de identificación ciudadana”, informó la prensa.

La condición tributaria de cada ciudadano y su grupo familiar será
metabolizada por la “gran computadora” junto con los datos originados en
las coberturas de seguridad social y de salud, la información bancaria y los
archivos de la Policía Federal y de la ANSES.

Es evidente que el montaje de semejante base de informaciones con
todos los datos disponibles de cada ciudadano (incluídos los “civiles”) para
su empleo “por parte del Estado” es un asunto que trasciende la materia
impositiva y las intenciones personales de Pessino.

Si se trata de “un proyecto integral en materia de identificación que
permita conocer “hasta el último dato de los 36 millones de habitantes”,
lo que estaría naciendo es una monumental concentración informativa
que pone en manos del Estado la vida entera de los ciudadanos, los
recovecos más íntimos de su personalidad, sus inclinaciones políticas, sus
hábitos, sus puntos fuertes y débiles.

Dos millones por minuto

El FBI quizá no controle aún a todos los lectores de las bibliotecas, pero la
Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos está en condiciones
de monitorear dos millones de conversaciones telefónicas por minuto en
cualquier parte del planeta, según se lee en un informe del Parlamento
Europeo sugestivamente titulado Evaluación de Técnicas de Control
Político.

La Europa de la moneda única pretende quebrar el unipolarismo
norteamericano y ha descubierto que una antigua creación de 1949
llamada Escalón e inventada para espiar a Moscú, ha centuplicado su
poder y sus aplicaciones.

El eurodiputado Alain Pompidou, cabeza del organismo que investigó el
tema, dijo que la tecnología de Escalón “fué reforzada después de la caída
del Muro de Berlín” con el propósito de husmear en los secretos
económicos,políticos y técnicos de las empresas europeas y japonesas,
rivales de las norteamericanas.

Pompidou asegura que la renovada y alucinante capacidad de Escalón
deriva de las redes satelitales. El programa norteamericano funciona desde
seis bases terrestres (dos están en Gran Bretaña) aptas para succionar
todas las comunicaciones de 25 satélites Intelsat.

Hasta cierto punto, el sistema emplea la misma lógica de marcaje y
seguimiento imaginada por el guionista de “Pecados Capitales”.
La diferencia es que, en este caso, en lugar de libros se marcan palabras.

El informe del Parlamento europeo enfatiza que después de reunir las
informaciones que circulan en las redes telefónicas mundiales, Escalón
sube otro peldaño, quizás el más importante: Una serie de computadoras
en red analiza ese caos mediante el uso de “palabras clave” previamente
marcadas (por ejemplo: droga, misil, dólar o cualquier otra que interese a
los investigadores).

Acto seguido, organiza un archivo que sigue indicaciones de importancia y
jerarquía preestablecidas de acuerdo con las urgencias informativas de
quien maneja el programa.

Algunos investigadores conjeturan que, en realidad, Escalón es capaz de
comprender el contexto general de una comunicación y que, por lo tanto,
no solo se activa cuando se pronuncia una determinada palabra, sino
cuando la conversación se orienta en sentido también previamente
marcado por los programadores.

El celular está escuchando

Si, en la actualidad, Escalón es capaz de capturar; analizar y archivar de ese
modo dos millones de conversaciones telefónicas por minuto, ¿hasta
dónde llegará en el futuro inmediato, teniendo en cuenta el vertiginoso
avance de la llamada “era digital”?
El caso de los teléfonos celulares tal vez anticipe algo.

El 21 de abril último, la prensa informó que había sido detenido en Buenos
Aires un grupo de once personas dedicadas a duplicar teléfonos, pinchar
comunicaciones y hacer escuchas transformando los aparatos celulares en
micrófonos ambientales. No se dijo si el grupo pertenecía a una agencia
privada o integraba una red de inteligencia estatal, pero su modus operandi
consistía en emplear un escáner para ubicar la frecuencia del teléfono
celular elegido como blanco y pincharlo.

Para hacer su tarea, el espía debe instalarse en la misma “celda” o “célula”
de su víctima (un radio de veinte manzanas a la redonda), algo que lo
obliga a tener consigo una notebook y un grabador. Si, además, pretende
emplear como micrófono el teléfono que está vigilando, antes debe
apropiarse del aparato durante unos segundos para insertar en su memoria
un código secreto.

Activando ese código (mediante una simple llamada al aparato, discando
antes la llave inyectada clandestinamente) puede escuchar todo lo que se
diga en los alrededores del teléfono cuando este se encuentre apagado.

Las redes satelitales empleadas por Escalón también se usan en sistemas
de prevención de robo de vehículos y para monitorear convictos con arresto
domiciliario o sometidos a restricción de movimiento.
La precisión del dispositivo de localización ultrasensible ubicado en el
satélite argentino Nahuel I, usada para detectar vehículos robados, admite
un error máximo de 100m, pese a que el aparato orbita a 36000 km de
altura.

La policía bonaerense decidió aplicar este sistema para la localización de
una parte de sus propios patrulleros. En los Estados Unidos, el legislador
republicano Jay Kim viaja diariamente de su casa al Congreso con una
pulsera magnética alrededor de su tobilla. Según The New York Times,
un juez impuso este particular castigo a Kim por haber aceptado 250.000
dólares en contribuciones ilegales.

Por las características del delito, Kim goza de libertad condicional, pero la
pulsera que se anuda a su tobillo emite ondas satelitales que son captadas
por una central.

Más cerca, en la provincia de Buenos * Aires, el mismo sistema fué aplicado
a un interno, Alejandro Leguizamón, beneficiado por el juez Omar Pepe con
esta clase particular de excarcelación vigilada. Si Leguizamón se aleja más
de 50m de su casa, la tobillera acciona una sirena muda que, por vía
satelital avisa a la comisaría de la zona.

En casa del preso fué instalado un aparato telefónico parecido al fax
a través del cual pueden llamarlo sin previo aviso en cualquier momento
del día y de la noche. El hombre debe entonces aproximar la tobillera al
auricular y dejarla allí durante tres segundos para que la central detecte su
clave. En los siguientes siete segundos (toda la operación no puede durar
más de 10 segundos) debe responder a la llamada, diciendo su nombre y
la fecha y hora de la comunicación.

El sistema es verdaderamente completo: La policía bonaerense ha
informado que en el tubo de ese teléfono especial hay una abertura capaz
de analizar el aliento del preso y determinar si tomó drogas o alcohol.

Saltan a la vista las ventajas de este conjunto vigilante cuando es manejado
por gente noble con fines virtuosos. Lo contrario también es evidente. La
tecnología del programa Excalibur empleada para rastrear sospechosos en
el asesinato de José Luis Cabezas mediante la detección de conversaciones
telefónicas anteriores al crimen podría también emplearse para investigar
con retroactividad las relaciones personales de cualquier ciudadano y espiar
su vida social, económica y política.
También es posible pinchar un fax y desviar copias de la documentación
trasmitida por esa vía hacia otra máquina.

En el film “La conversación” el director Francis Ford Coppola narraba una
intriga que se disparaba cuando el personaje principal, protagonizado por
Gene Hackman, asistía a un congreso de especialistas en técnicas
sofisticadas de espionaje.

Las disyuntivas morales y políticas insinuadas por aquella historia son hoy
más sugerentes que entonces: Un congreso denominado Advanced
Surveillance Technologies (Tecnologías Avanzadas de Vigilancia) se realizó,
efectivamente, en Copenhagen, en 1995.

Los servicios de inteligencia no han podido determinar aún si Gene Hackman
anduvo por allí, lo cual habilita cierto márgen para la esperanza:
Finalmente, ellos no lo saben todo.

Notas relacionadas:
Lo saben todo sobre Usted

Claves: espionaje, celular, Echelon, Escalón, Pecados Capitales, La conversación, 1984, George Orwell, Francis Ford Coppola, José Luis Cabezas, Ricardo Cámara

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