Rodando a la barbarie

2009-10 Cat: Sociedad

Lo sé pues ella me lo contó. No quería hacerlo. Lo ocultó varios días pues necesitó tranquilizarse. Se sintió ultrajada, violada y en un total desamparo como tantas otras que pasaron por similar experiencia. Cuando se sintió más animada pude conocer los detalles y a mí también me corrió un escalofrío.
Fué así:

Ascendió despreocupada al ómnibus de la línea 78 para dirigirse a la Capital desde San Martín. Se sentó en un asiento de los que miran para atrás y acomodó lo que llevaba. Le esperaba un corto viaje de treinta minutos. Lo había hecho muchas veces y hoy se disponía a disfrutarlo, lo necesitaba.

Llegando a la siguiente parada escuchó un crescendo de cánticos y gritos. Al detenerse el vehículo ascendieron atropelladamente y sin pagar el boleto pese al inspector y al conductor presentes, unos veinte energúmenos quienes sin dejar de vociferar se empujaban entre sí para ubicarse en los lugares disponibles. Parecían exaltados por algo. Se imprecaban a viva voz en una jerga incomprensible mientras golpeaban rítmicamente el piso y el techo como si fueran parte de un ‘bombo’ imaginario. Vestían camisetas y gorras del club que decían alentar, algunos con zapatillas, otros en ojotas o directamente descalzos.

También portaban pancartas, mochilas plenas de botellas de cerveza y banderas con su correspondiente mástil. Estas últimas y sin pedir permiso alguno al conductor ni al ocasional pasajero, se desplegaron fuera del ómnibus para que flameen al viento. Parecía importante demostrar la pertenencia ocasional del ómnibus. Como algo casi tribal.

Además del estrépito ensordecedor, el interior del ómnibus prontamente se llenó de eructos de los que bebían cerveza, humo de cigarrillos de tabaco y otras hierbas e insólitamente de un inconfundible hedor a mierda pues uno decidió que era el lugar y momento adecuados para cambiarle el pañal al menor que lo acompañaba. Pañal que quedó tirado sin culpas para luego ser pisoteado por varios. Todo aderezado por el uso de palabras e insultos de una riqueza antropológica pocas veces escuchado por ella. En este aspecto, luego admitiría que fué una experiencia didáctica y enriquecedora.

Sin embargo, sintió que su incomodidad e indignación crecían en forma insoportable. Estaba siendo obligada a ser parte de algo fuera de lugar, un viaje de pesadilla pero despierta. Estaba inmersa en una violencia de palabras, forcejeos, olores y miradas obscenas. Era evidente que a los energúmenos el actuar en grupo o bajo los efectos del alcohol les producía una falsa sensación de omnipotencia e impunidad.

La vecina del asiento de enfrente adivinó por su expresión que estaba por explotar y la calmó con la mirada. ‘No hagas locuras’ creyó entender. Apretó sus pertenencias, escondió su reloj y teléfono móvil. No podía llamar al 911, tampoco bajar pues el siguiente coche también estaba tomado. Estaba atrapada. En pocos minutos sus expectativas de gozar de un viaje placentero habían cambiado dramáticamente. Pensaba que lo peor estaba por ocurrir y nadie la podría defender.

El ómnibus cruzó la autopista General Paz e ingresó en la Capital. El puesto de la Policía y su personal lo miraron pasar displicentemente. Todo parecía normal para ellos. Las paradas se sucedían sin que el ómnibus se detuviera para ascenso o descenso alguno. Nadie en su sano juicio se animaba a atravesar esa marea borracha y descontrolada para bajar. Tampoco el conductor osó detenerse.

Pero como dice el dicho: No hay mal que dure cien años… Finalmente, la banda descubrió en la calle un camión con más simpatizantes que se dirigían al partido y … tan ruidosamente como llegaron se fueron. Dejando una estela de resignación, miedo y asco.

Esto ocurrió el viernes 9-10-2009, 15.30hs, San Martín, Provincia de Buenos Aires. Otrora ‘Capital de la Industria’, hoy en agonía industrial y social.

El ómnibus que debía cumplir con horarios, paradas y las reglamentaciones vigentes para el transporte público fué literalmente secuestrado para responder a otros fines sin consideración alguna por los pasajeros presentes. Fué ganado por la ley de la selva, del más fuerte. Ni las autoridades de la empresa de transporte ni el conductor ni la Policía intervinieron para resguardar la tranquilidad e integridad de los pasajeros. Fumar y beber en el transporte. ¡Minucias! Es más, en ocasiones la Policía los acompaña para evitar enfrentamientos con hinchadas antagónicas dedicando medios como personal, móviles y helicópteros. Medios cuyo objetivo primordial debería ser la prevención y el combate del delito.

Estos episodios también suceden frecuentemente en las líneas ferroviarias antes y después de partidos de fútbol. Todo se agrava si coinciden en el viaje con simpatizantes de otros clubes. En todos los casos no hay prevención, represión ni sanciones. Si algún pasajero es insultado, robado, manoseado, lanzado al pavimento o a las vías o, si alguno preso del miedo o la indignación sufre un episodio cardiovascular nadie se hace responsable.

Argentina, rodando a la barbarie.

Claves: barra brava, patota, mafia, deberes del funcionario público, fútbol, hinchadas, torcida, hooligans, maras, inseguridad, menores, servidor público, HUA

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